Especialistas advierten que los proyectos para reactivar pequeñas centrales hidráulicas se basan en estudios desactualizados, con hidrología alterada por 15 años de sequía y riesgos ambientales, económicos y operativos que no fueron ponderados.

La convocatoria del gobierno de Neuquén para reactivar, modernizar o construir microcentrales hidráulicas generó interés inicial en el sector energético, impulsado por la expectativa de producción sin huella de carbono y tarifas dolarizadas. Sin embargo, ese entusiasmo pronto se encontró con objeciones técnicas y empresariales que cuestionaron la viabilidad real de las iniciativas.

Especialistas remarcaron que los proyectos se elaboraron con estudios de los años noventa, en un contexto hídrico y ambiental completamente distinto. La provincia acumula 15 años de sequía sostenida, con caudales reducidos y estacionalidades alteradas que dificultan garantizar un caudal firme. Para los técnicos, esto compromete la competitividad frente a la energía solar combinada con baterías, que exige factores de uso superiores al 80%.

Las críticas también alcanzaron los riesgos ambientales. En el caso del proyecto sobre el río Aluminé, con potencia estimada en 3 MW, organizaciones locales señalaron posibles impactos sobre áreas donde se desarrollan actividades deportivas internacionales. Recordaron que los criterios ambientales vigentes en los noventa no cumplen con los estándares actuales, mucho más restrictivos para intervenir cauces naturales.

Desde el plano técnico, ingenieros observaron inconsistencias en las fichas difundidas por la provincia: errores de unidades, ausencia de información operativa esencial y falta de análisis ambientales. Mencionaron casos como el de la central Coyuco-Cochico, que fue presentada con capacidades que no coinciden con su potencia real ni con la baja demanda local. Recordaron que Neuquén tiene unas 33 minicentrales construidas en los años noventa, algunas abandonadas y otras operativas con uso mínimo.

El aspecto económico sumó más dudas. Los precios ofertados, entre 110 y 145 dólares por megavatio hora, fueron considerados poco competitivos frente a la generación solar, que ronda los 60 dólares por megavatio hora. Además, la conexión obligatoria al Sistema Argentino de Interconexión implica inversiones millonarias en líneas de media y alta tensión difíciles de justificar para proyectos de baja potencia.

Mientras el gobierno provincial sostiene que la iniciativa podría movilizar 500 millones de dólares y reposicionar a Neuquén como referente en pequeñas hidroeléctricas, los expertos advierten que los estudios están desactualizados, el recurso hídrico cambió estructuralmente y la competitividad del mercado se volcó hacia tecnologías renovables más eficientes. Para los técnicos, la propuesta oficial proyecta expectativas que no se ajustan a las condiciones reales del sistema energético.

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