El físico nuclear, de larga trayectoria en Bariloche y figura clave en la promoción de la transición energética, murió a los 78 años tras una enfermedad congénita.

Juan Carlos Bolcich, físico nuclear, investigador y uno de los principales impulsores del uso del hidrógeno como energía limpia en Argentina, murió este sábado a los 78 años. Referente académico y divulgador incansable, su fallecimiento generó un profundo pesar en la comunidad científica y en Bariloche, la ciudad donde desarrolló la mayor parte de su trayectoria.

Nacido en Necochea en 1947, llegó a Bariloche en 1969 para estudiar Física Nuclear en el Instituto Balseiro, formación que lo llevó luego a trabajar en el Centro Atómico Bariloche. Desde sus primeros años combinó investigación, docencia y un activismo creciente por el ambiente, convencido de que la transición energética debía adelantarse varias décadas para evitar daños irreversibles al planeta.

Bolcich fue uno de los mayores defensores del hidrógeno como combustible del futuro. Impulsó proyectos pioneros, como la instalación de la primera planta de producción por electrólisis en Pico Truncado y la puesta en marcha del primer auto a hidrógeno del país, un Renault 9 que se convirtió en símbolo de su visión. Su trabajo lo llevó a presidir la Asociación Argentina de Hidrógeno y la Asociación Internacional para la Energía del Hidrógeno.

Su tarea académica también dejó huella en Bariloche, donde impulsó la llegada de la Universidad Tecnológica Nacional y promovió numerosas iniciativas vinculadas a la ingeniería y la formación técnica. En cada uno de sus proyectos aplicó su convicción sobre la urgencia de abandonar los combustibles fósiles y explorar alternativas limpias.

En los últimos años continuó vinculado a planes estratégicos, como el proyecto de hidrógeno verde impulsado en Río Negro, mientras convivía con una enfermedad congénita que afectaba su coagulación y que derivó en múltiples internaciones recientes. Aun así, mantuvo su actividad intelectual y su vocación pedagógica hasta poco antes de su muerte.

Bolcich deja a su esposa, Maggie, a sus cinco hijos y a generaciones de alumnos, colegas e investigadores que lo reconocen como un precursor. Para Bariloche y para el campo científico argentino, su figura queda asociada a una vida dedicada a pensar el futuro energético del país y a advertir, con décadas de anticipación, sobre los riesgos ambientales que hoy forman parte de la agenda global.

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