Recientes encuestas apuntan a que en la provincia habría un escenario electoral sumamente igualado entre La Libertad Avanza y el frente La Neuquinidad, encabezado por el gobernador Rolando Figueroa. Por su parte, el peronismo no cuenta con oportunidades reales de llevarse la elección, por lo que los votos que se desprendan de este sector podrían definir todo.

La provincia de Neuquén se encamina hacia una elección fuertemente polarizada entre dos principales fuerzas políticas: el frente oficialista La Neuquinidad, liderado por el actual gobernador Rolando Figueroa, y La Libertad Avanza, el espacio libertario que busca consolidarse en el interior del país. Las encuestas recientes muestran una paridad notable entre ambas coaliciones, anticipando una contienda electoral reñida en la que cada voto podría ser decisivo.

La Neuquinidad, con Figueroa a la cabeza, intenta capitalizar su gestión y el arraigo territorial que ha construido desde su ruptura con el Movimiento Popular Neuquino (MPN), partido hegemónico en la provincia durante décadas. El oficialismo apuesta a un mensaje de continuidad con reformas, buscando retener el respaldo popular a través de una agenda enfocada en el desarrollo energético, la infraestructura y la cercanía con los municipios.

Del otro lado, La Libertad Avanza busca consolidar el crecimiento que ha tenido a nivel nacional y trasladarlo al ámbito provincial. Su discurso disruptivo, centrado en la reducción del gasto público, la defensa de las libertades individuales y la crítica a la «casta política», ha ganado adeptos especialmente entre los votantes jóvenes y desencantados con las estructuras tradicionales. La estrategia del espacio libertario se apoya en captar votos del electorado independiente y de sectores descontentos con el status quo.

El peronismo, por su parte, se encuentra en una posición debilitada, sin un liderazgo claro ni un caudal electoral que le permita competir con fuerza en este escenario polarizado. Esta situación transforma a sus votantes en un factor clave: el destino de ese voto disperso —si migra hacia Figueroa o hacia los libertarios— podría inclinar la balanza. En este contexto, el resultado final dependerá de quién logre seducir a ese electorado flotante y canalizar el descontento hacia su favor.

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