El militante, fundador de la Spartacus Alianza Obrera y Campesina, sufrió persecuciones, encarcelamientos y torturas por su activismo. El gobierno de facto de Uriburu lo envió al presidio del fin del mundo, donde pasó más de un año en aislamiento.
Horacio Badaraco, dirigente anarquista nacido en Buenos Aires en 1901 en el seno de una familia acaudalada, fue trasladado a Ushuaia tras el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 encabezado por José Félix Uriburu. Pese a su origen burgués, desde joven abrazó las ideas libertarias, escribiendo a los 16 años en un periódico anarquista y más tarde fundando la Spartacus Alianza Obrera y Campesina. Su militancia se intensificó luego de las matanzas de la Semana Trágica y de la Patagonia Rebelde.
Mientras realizaba el servicio militar en el cuartel de Palermo, Badaraco fue acusado de haber señalado al coronel Héctor Varela, asesinado en 1923 por el anarquista alemán Kurt Wilckens. Por esa presunta vinculación fue brutalmente torturado y encarcelado ocho meses, aunque continuó escribiendo para La Antorcha. Ya en libertad, renunció a su herencia, se casó con la obrera del vidrio Ana Romero y trabajó como lavador de autos, mientras mantenía una intensa actividad periodística y militante en defensa de los trabajadores, la mujer y la educación racionalista.
Su activismo le valió múltiples detenciones: primero por el atentado a la embajada de Estados Unidos en represalia por la ejecución de Sacco y Vanzetti, y luego por justificar en un artículo el atentado de Wilckens. Desde la cárcel impulsó la campaña por la libertad de Simón Radowitzky. Finalmente, tras la asonada militar de 1930, fue enviado al penal de Ushuaia, donde permaneció en condiciones de castigo y aislamiento durante más de un año.





