La ciudad de Buenos Aires registró en agosto una inflación del 1,6%, según datos oficiales, manteniéndose en niveles altos en comparación con meses anteriores. En los últimos doce meses, los precios acumularon un incremento del 37,4%, reflejando la persistente presión sobre el poder adquisitivo de los habitantes. Los rubros que más incidieron fueron alimentos, transporte y servicios, sectores que impactan directamente en el gasto cotidiano de las familias.

El aumento de precios se sintió especialmente en los productos alimenticios, donde verduras, carnes y lácteos mostraron incrementos significativos. El transporte también registró subas, tanto en tarifas de colectivos y trenes como en combustibles, lo que repercute en los costos diarios de movilidad. Por su parte, los servicios básicos como electricidad y gas continuaron con ajustes, consolidando el efecto inflacionario en los hogares.

Economistas advierten que la inflación acumulada genera un deterioro real del salario, ya que los aumentos de ingresos no logran compensar el ritmo de crecimiento de los precios. Esto afecta especialmente a sectores de ingresos medios y bajos, que destinan gran parte de su presupuesto a consumo básico. Asimismo, la inflación elevada mantiene presión sobre la política monetaria, condicionando decisiones del Banco Central y del gobierno porteño.

En respuesta a estos números, especialistas recomiendan a los consumidores planificar sus gastos, priorizar compras esenciales y buscar alternativas de ahorro. También destacan la importancia de que las autoridades implementen políticas de control de precios y estímulo a la producción local para aliviar la presión inflacionaria. La tendencia de los próximos meses será clave para evaluar si la inflación comienza a moderarse o continúa con un ritmo sostenido.

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